Hace unos días, el Consejo Regulador del cava dio a conocer las cifras de ventas del sector durante el 2005, con el interés lógico por ver si había cuajado o no la campaña de boicot promovida por medios afines a la derecha española más centralista. Se vino a decir que el boicot forzó la caída de ventas en casi ocho millones de botellas, pero en el saldo final de ventas quedó compensado con el aumento de las exportaciones. Son cifras para el consuelo o, incluso, para regocijo de quienes temían dar satisfacción a los promotores del rechazo. No obstante, lo más sensato es esperar. El sector ha facturado 836 millones de euros. Y más que en las tiendas, el cava ha perdido cuota en Madrid y Valencia (lógico: Madrid es la capital de repartir lotes y Valencia de elaborarlos). Esperemos a junio para conocer los resultados de las dos grandes del sector para calibrar el alcance de la maniobra. Mientras tanto, sería bueno hacer una lectura detallada del trabajo de los profesores de Stanford (California, EEUU) Larry Chavis y Phillip Leslie (accesible en www.nber.org).

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