A la Unión Europea (UE) no le gusta nada que en los estantes de sus supermercados haya cada vez más vinos del "Nuevo Mundo".

Ésa es una de las razones que indujo a la UE a plantear una profunda reforma del sector vitivinícola que, tras año y medio de propuestas, acuerdos y desacuerdos, finalmente se ratificó en un consejo de ministros, en Luxemburgo.

El objetivo es subvertir la situación actual: desde hace años, las importaciones del llamado "Nuevo Mundo" -países como Chile, Argentina y Sudáfrica- aumentan a razón de un 10% anual, las exportaciones siguen creciendo, pero cada vez menos, y el consumo interno continúa cayendo, como en las últimas décadas.

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