Ni famosos ni tan caros

Para sorpresa de muchos, el vino elegido no fue ninguna de las famosas cepas de culto del valle de Napa, como Colgin, Araujo, Mondavi, Beringer o Phelps, u otras bodegas históricas; ni tampoco potentes cabernet souvignon o zinfandel , por aquello de usar algo que pueda definirse como lo más autóctono de California.

Tampoco vinos elegidos de varias bodegas distintas, ni vinos sin marca de los que solo se conocería la región. Ni siquiera fueron vinos caros, exclusivos o difíciles de encontrar en el mercado.

Los primeros vinos de mesa que probó el nuevo presidente procedían de Duckhorn Vineyards, prestigiosa pero bastante desconocida bodega que donó diez cajas para la ocasión.

Por su parte, el espumoso fue de la bodega Korbel, la proveedora tradicional de las burbujas que estallan en las investiduras presidenciales desde 1985.

Con el primer plato, un guiso de marisco y verduras, se sirvió un sauvignon blanc de Napa Valley del 2007 (que cuesta unos $20), mientras que un pinot noir de Anderson Valley del 2005 de la marca Goldeneye (con un precio que ronda los $30) acompañó el plato principal de faisán y pato.

Duckhorn Vineyards, aprovechando la ocasión, ya puso a la venta un estuche conmemorativo del histórico momento con una botella de cada cepa por un precio de $80.

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