Hace ya algunos años, recorrí varias vinotecas de Montreal -por mera curiosidad- en busca del Rioja perdido. No hallé ni uno. Caldos franceses, italianos, californianos, argentinos, chilenos y... ¡oh! ¡Sorpresa! Un vino catalán.

Igual me ocurrió en Pekín al año siguiente, pues la única muestra de la 'piel de toro' que encontré fue el mismo vino catalán.

Tendré mala suerte, pero sólo me ha tocado coincidir con una campaña publicitaria de nuestro vino hace años en Nueva York, si bien luego resultaba harto complicado toparse con un Rioja en los mercados.

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