Más adelante, en contraste con la nieve, empieza un inmenso desierto de kilómetros y kilómetros de arena y matorrales, sin ningún rastro de civilización. Y allí cerca de la frontera con Chile, Mendoza aparece como un oasis. Es la tierra del Malbec.

La ciudad recibe al visitante amablemente. Pues sabe con certeza que al turista hay que atenderlo bien. De las 1.200 bodegas vitivinícolas de la región, ya hay muchas que han abierto sus puertas a los viajeros. Además de mostrar sus impresionantes instalaciones, cada una ha diseñado atractivos adicionales.

La mayoría utiliza las últimas tecnologías para el proceso de elaboración de los vinos. Pero además ha organizado diferentes modos de disfrutar y conocer. Recorridos en bicicleta, la posibilidad de hacer un picnic en los jardines y hasta una cabalgata de varias horas son algunas de las opciones que el visitante puede disfrutar en su recorrido.

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