La reciente historia de La Rioja Alta, SA es una historia de viñedos. La compañía dejó de hacer blancos de Rioja en 1994: «Nos resultaba difícil hacer entender el Ardanza blanco, así que decidimos invertir en Rías Baíxas en busca de algo más en línea con el mercado», recuerda Julio Sáenz. En poco más de una década, la firma ha logrado reunir una espectacular finca de 60 hectáreas en O Rosal y otra de 14 hectáreas en Cambados. De allí sale Lagar de Cervera, con el que Julio comienza la cata. Es un blanco que supera el tradicional carácter varietal, fresco y afrutado de los albariños: «Queríamos, además, volumen y estructura». El objetivo se ha conseguido y el enólogo confiesa empezar a estar «satisfecho» con las añadas 2005, y la de ayer de la cata, la 2006.

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