Ni aunque la entregaran gratis en las bocas del metro. Pero aparecer en sus apretados renglones es ingresar en el Olimpo vinícola y, de paso, tener vendida la producción de antemano. En el ejemplar 169, mandado a imprenta el 28 de febrero de 2007, Robert M. Parker califica decenas de vinos españoles entre las páginas 48 y 84. Por vez primera tras 25 años de ejercicio, Parker encumbra y otorga la máxima nota (100, lo más parecido a la perfección) a cinco vinos españoles. Uno es el Contador 2004 de Bodegas Benjamín Romeo, elaborado a partir de uvas maduradas en pagos de San Vicente de la Sonsierra y Labastida. El otro lo prepara Juan Carlos López de Lacalle en Laguardia y se llama Viña el Pisón 2004. Visitamos esta semana a los dos viticultores, les acompañó en sus paseos por las viñas y se detuvo a escuchar los recuerdos y los sentimientos que estos dos hombres han logrado encerrar en el universo de una botella de vino.

Romeo en El Bombón

La cita es en El Bombón, un chozo de pastor que parece un merengue de piedra entre las viñas. Son las 4 de la tarde y el sol cae a plomo sobre la finca donde Benjamín Romeo, autor de uno de los mejores vinos del mundo, labra las cepas. Saluda de lejos, apaga el aire acondicionado y la radio donde suena Radio 3, y desciende del tractor, un Fendt 208 V de color aceituna. Comienza a charlar bajo el cielo luminoso de mayo. «Esta viña de El Bombón tiene 72 años... Poseo algunas de un siglo: cuanto más viejas, menos producen. Son como las personas, tienen menos fuerza, menos vigor, pero más sabiduría...».

Romeo echa un vistazo en torno suyo y va detallando al forastero dónde se encuentran los 18 pagos de los que obtiene su cosecha: «Allí, el chozo de Larraz, con pies del año 64, mi quinta; Bombón, la llamarán así por algo, digo yo, y Guiasol y La Canoca. Me gusta mucho este término: la uva madura bien, tiene mucha influencia del Norte. Con esto del cambio climático se hace una uva con mayor acidez, más tiesa, más dura...».

El visitante descubre de inmediato que se encuentra ante un ser singular. ¿Cambio climático? ¿Viñas centenarias?¿Tópico utópico? ¿El ambigú? Romeo no quita ojo a sus viñas. Son cepas retorcidas, descascarilladas, cruzadas de cicatrices y colonizadas por líquenes de color ceniza y mostaza... Al poco, el enólogo se agacha y arranca pequeños brotes tiernos de la planta. «Mira, esto es podar en verde, espergurar», explica con una paciencia de maestro de escuela. «Hay que arrancar los brotes del tronco porque le quitan vigor a los demás: se hace a mano, es un trabajo que cuesta mucho», apunta. «Mi obsesión es conseguir de esta tierra la máxima calidad», suspira.

Seguir leyendo : lavozdigital.es