Lamentablemente la Sra. Salgado ha optado por retirar este anteproyecto de ley para evitar que sea un instrumento de confrontación electoral. Decisión que no comparto, ya que debiera haber continuado con tal iniciativa de interés general; pues marcaría un punto de inflexión no tanto frente al hecho preocupante del consumo juvenil de alcohol u otras sustancias tóxicas, sino como desestabilizador de la permisividad social que algunas familias toleran con respecto a hábitos de consumo perjudiciales para sus hijos.

Me gustaría que los próximos debates sociales girasen sobre la idoneidad de las intervenciones educativas, preventivas y asistenciales para proteger a los menores de los daños que produce el consumo de bebidas alcohólicas; y no tanto distraer la atención pública sobre artificialidades para calificar el vino como bebida alcohólica o producto alimenticio. No les preocupe tanto al sector vitivinícola la pérdida de la cultura del vino como seña de identidad popular, pues sus orígenes históricos demuestran que sin difusión mediática ha pervivido a lo largo del tiempo. Además estén seguras las denominaciones de origen, bodegueros, cooperativas agrarias y organizaciones vinculadas a este sector, que no perderán negocio, pues seguiremos degustando sus caldos, con ésta u otras leyes. No olvidemos que son los adultos, con poder adquisitivo, quienes consumen los vinos, y no los jóvenes que prefieren los combinados de alta graduación alcohólica.

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