Quienes "invierten" en este tipo de vinos buscan etiquetas con los siguientes atributos: a) Tienen un potencial de longevidad probado b) Provienen de cosechas catalogadas por expertos como muy buenas y excelentes y c) El precio de estas botellas crece exponencialmente a medida que pasa el tiempo. Si han permanecido en condiciones de almacenamiento óptimas, pueden cotizarse en subastas y mercados muy especializados a precios impensables. La "rareza" del vino, o sea, lotes pequeños conformados por muy pocas cajas, ediciones especiales dada la calidad de la cosecha, etc., también es otro factor que puede influir en su precio recién salido al mercado o en el futuro. Los coleccionistas que invierten buen dinero en sus bodegas, cuidadas para su disfrute personal y no para vender los vinos luego, pueden llegar a ser unos verdaderos eruditos en el tema y calculan sus adquisiciones de tal modo que, en la medida que pasan los años, su reserva hace posible, siempre, grandes y extraordinarios vinos listos para beber.

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