Antes de la ciudad de Ica, a 11 kilómetros hacia el noreste, entramos a un camino de tierra afirmada que nos lleva hacia nuestro destino. Rodeada de verdes campos divisamos la casa hacienda pintada de un agradable color palo rosa. En la hermosa reja de hierro que se abre sobre una extensa y florida alameda, nos reciben los trabajadores de Tacama para mostrarnos con orgullo esta ejemplar empresa.

La tranquilidad de este refugio es admirable y la sombra que nos brindan sus antiguos árboles de araucaria nos hace sentir muy a gusto. Iniciamos nuestra visita con un paseo por la casa hacienda, la cual fue antaño propiedad de la orden de los agustinos antes de que poseyera y ampliara la familia Olaechea, fundadores de la viña en el año 1889. La casa cuenta con una hermosa capilla en la que se exhiben bellas vestiduras eclesiásticas antiguas. Cerca de la casa se encuentra el patio de los almácigos, vivero que sirve para multiplicar las nuevas variedades de semillas procedentes de Francia. Junto a estas pequeñas parras para selección de semillas se encuentra la caballeriza que alberga finos caballos de paso que le dan al lugar una cálida atmósfera de tradición nacional.

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