"Amo el vino y su cultura", explica el realizador, que creció en Francia e Italia y está casado con una brasileña. Pero no duda en asegurar que "el vino ha muerto", o lo hará en breve si en la lucha que enfrenta a una cultura de lucro y poder y otra de relaciones humanas, gana la primera. Y será así si personajes como Robert Parker, el poderoso crítico de Wine Advocate, o Michel Rolland, enólogo y consultor de vinos, imponen sus criterios. En el largometraje se pone de manifiesto que cualquier opinión de ambos puede lanzar o hundir una producción o marca vitivinícola; también se muestra la desigual pugna que los pequeños productores y los ayuntamientos de izquierdas mantienen con los poderosos "oligopolios" capaces de determinar la bondad o inutilidad de una cosecha.

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