Personalmente, a mí me alivia mucho un buen cava catalán. No es que me tire la ascendencia, es sólo que escuché una vez decir que el cava era como beber estrellas en un pubis de cristal, y me lo creí. Me gusta mucho por que es fresco, liso, chispeante, húmedo y seco. Porque es amigo de todos y su intención no es llevarse mal con ninguna de las exquisiteces que le acompañan, sean de mar o montaña. Porque es dinámico y rápido moviéndose en la boca, llenándola de bombas aromáticas que estallan como una mascletá de sabores. Porque no tiene horario y te puedes acostar y levantar con él, como sólo ocurre con las parejas de cinco estrellas.

Seguir leyendo: laopinioncoruna.com