Uno de los puntos clave establece que los Estados Unidos restringirá el uso de nombres como Burgundy y Champagne, que la Unión Europea considera como pertenencia exclusiva de sus regiones vinícolas. A cambio, la Unión Europea prometió permitir las importaciones de vinos que no se ajustan a sus propias normas de producción.

Con el acuerdo, la Unión Europea intenta proteger su industria vinícola y preservar métodos tradicionales de producción, así como nombres, para recuperar presencia en los mercados mundiales, ante la competencia de países como los Estados Unidos, Argentina y Australia, que implicaron para el Viejo Continente una reducción del porcentaje de sus exportaciones mundiales, que descendieron a menos de dos tercios, desde más de tres cuartos que se exportaba en 1985(...)

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