Durante un almuerzo en el restaurante Per Se de Nueva York, Emmanuel Cruse, el joven propietario de la bodega Chateau d'Issan, llama la atención sobre la nueva etiqueta que llevan las botellas del vino de su cosecha 2002. La muy apreciada tercera cepa de ese Margaux de Burdeos tiene una característica etiqueta dorada con un dibujo en negro. Aunque la botella no parece diferente en ningún sentido, lleva un holograma imposible de imitar, un microtexto incorporado en el dibujo que sólo es visible con lupa y números en código ocultos para poder rastrearla hasta el minorista, explica Cruse...

Elin McCoy (Bloomberg) / NUEVA YORK

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